La Justicia lo sentó en el banquillo de los acusados donde finalmente el lunes alzó la mano y aceptó los cargos. Fue condenado a tres años de cárcel de ejecución condicional por 38 hechos de estafa. Además, deberá realizar tratamiento psiquiátrico y trabajo comunitario durante dos años, en el CPC correspondiente a su domicilio.
Para el abogado querellante, Carlos Nayi, se trató de la comprobación de un delito de magnitudes “alevosas”. “Fue un impostor que se movía en autos de lujo, que tenía custodia policial en la puerta y manejaba grandes sumas de dinero, delante de todo el mundo”, repasó el letrado.
A la par, el abogado reconoció la labor judicial y se mostró conforme con el resultado del proceso.
Vale recordar que Joaquín ofició como recaudador de dinero durante más de una década. Durante ese periodo de tiempo el negocio funcionó para todos.
La confianza que fue imponiendo en su entorno le sirvió luego para realizar la jugada final. “De repente se ausentó de los lugares que solía frecuentar. Defraudó a sus vecinos del barrio. Argumentaba que con el dinero que captaba formaba círculos y lo entregaba a la empresa Coniferal para pagar sueldos. Al final era todo una mentira”, dijo Nayi al respecto.
¿Qué pasó con el dinero?
A partir del reconocimiento de los cargos, ahora comenzará una etapa donde los damnificados perseguirán el cobro de los montos adeudados. Hasta el momento, Ariel Joaquín no devolvió ni un solo peso.
Para Nayi hay algo sumamente importante y “una señal clara”. “No cualquier engaño es suficiente para generar desprevención y que quede configurado el delito de estafa. Debe ser idóneo. No una simple mentira, un simple embuste. En este caso hubo un ardid idóneo, porque efectivamente era empleado de la empresa de transporte por la cual decía estar juntando el dinero”, planteó el letrado.
En ese sentido, señaló que para lograr su propósito le manifestaba a las víctimas que el dinero que captaba era para aportar a la economía que estaba tambaleante en esta empresa. “Su hermano trabajaba en un banco. Entregaba un número de cuenta que tampoco era real y no se podía perseguir. Cumplió absolutamente con todos y cada uno de los compromisos a lo largo de 10 años. Por lo cual, todo lo que tiene que ver con el delito de estafa viene siendo objeto de constante análisis desde la óptica de la doctrina científica”, dijo Nayi.
También puso en relieve que el hombre era “el vecino con cara de bueno” ante quienes contactaba para realizar las recaudaciones.
“Se trataba de un hombre que viajaba a distintos lugares del mundo exótico. Que se movía en autos de alta gama. Que tenía custodia policial en los alrededores de su domicilio y que movía grandes sumas de dinero”, dijo el abogado.
Ahora, adelantó, los damnificados deberán perseguir el resarcimiento económico. “Lo que corresponde es que devuelva el dinero que terminó de reconocer, el martes, como recaudado a través de este mecanismo de engaño”, comentó.
La voz del Interior 25-6-24