Perpetua a la mujer que masacró con un martillo a su tía, luego de que esta la descubrió robándole
Olga Villarreal, de 72 años, fue atacada en su casa de barrio Comercial. Alejandra Tabares la mató luego de que fuera descubierta sustrayéndole $18 mil. Fue condenada por homicidio «criminis causae». Nunca se arrepintió. «Dormíamos con el enemigo», dijo la familia.
“No me voy a excusar, porque lo que pasó, pasó… Pero no fue así como dijo el fiscal. Muchas gracias al tribunal y al jurado y disculpas por el tiempo perdido”.
No más de un minuto fue lo que habló ante el estrado.
Con voz parca y tono firme, y sin terminar de mirar a los ojos, la mujer jamás pidió perdón. Nada de eso.
Cuando terminó de hablar, se quedó en silencio con la mirada perdida en un punto fijo.
Los miembros del jurado popular se retiraron de la sala junto a los jueces técnicos y, momentos después, regresaron para dar el fallo contra la mujer homicida.
De manera unánime, María Alejandra Tabares (59) fue condenada a la pena de prisión perpetua por el alevoso asesinato de su tía Olga Villarreal (72). La mujer fue masacrada con golpes de martillo en la cabeza en su vivienda del barrio Comercial, de la ciudad de Córdoba, en 2024.

Tabares fue condenada este jueves por la Cámara 8ª del Crimen por el delito de homicidio criminis causae, robo y violación de domicilio.
La condena coincidió con lo que había reclamado de manera enérgica el fiscal de Cámara, Hugo Almirón.
La misma pena había reclamado la querella con el abogado Carlos Nayi.Manejaba ebrio, con ruedas lisas y causó una tragedia vial: le dieron condena leve por imprudencia en CórdobaPorRedacción La Voz
El defensor oficial, en tanto, había pedido 15 años de cárcel.
Tabares ni se inmutó cuando le dijeron la pena. Apenas una mueca.
Algo diametralmente distinto fue lo que sucedió con la hija de la mujer asesinada, antes del fallo, cuando le tocó hablar en la sala de audiencias.
“Mi mamá era una mujer buena, excelente, empática, todos la querían. Nos dejó un vacío muy grande. ¿Por qué la mató así? Por qué tanta maldad? ¿Para qué? ¿Por qué se ensañó así con el martillo? ¿Por qué tanto daño le hizo? Nosotros no sabíamos que vivíamos con el asesino…”, exclamó la mujer en la sala.

Un robo y un crimen demencial
Todo sucedió el 5 de junio de 2024 en un domicilio de calle Villa María al 5900 de barrio Comercial, franja sur de la Capital cordobesa.
Olga Esther Villarreal (72) vivía con su hijo. Eran las 8.50 de aquel miércoles cuando el hombre salió de su casa para hacer unos trámites.
Eso fue aprovechado por María Alejandra Tabares.
La mujer residía en un cuarto en la parte trasera de la propiedad.

Tabares entró a la casa y fue a un mueble de su tía. Aprovechando que la jubilada estaba sola y dormía, abrió un cajón y se apoderó de 18 mil pesos. Al parecer, no era la primera vez que lo hacía.
Las cosas esta vez iban a ser distintas. Y para peor.

Doña Olga descubrió a su sobrina y comenzó a gritarle.
La mujer, según la causa, comenzó a empujar a su sobrina para que se fuera de la casa y no regresara nunca más. Ambas quedaron en el garaje de la propiedad.
Fue entonces que Tabares tomó un martillo de 600 gramos en escena y la emprendió contra su tía.
El primer golpe fue letal y a la cabeza. La anciana cayó al piso.
El forense contaría 30 golpes.
Otro colega suyo anotaría 52 lesiones ya en la morgue.
La asesina logró escapar.
El crimen sería descubierto ese mismo día, momentos después, cuando el hijo de la víctima retornó.
A las pocas horas, la asesina sería detenida y llevada a prisión.
Sobre todo, luego de que los detectives lograron dar con filmaciones que la captaban, al momento del crimen, subiendo al techo de la vivienda con bolsas de consorcio unas siete veces. Se cree que fue para ocultar pruebas como ropas con sangre.
Cuando fue indagada, presentó una carta para dar su versión de lo sucedido. Una suerte de coartada con forma de salvoconducto para esquivar la figura del brutal homicidio.

La versión de la asesina
Alejandra Tabares llegó a decir en su momento que estaba atravesando una situación económica delicada desde hacía meses tras haber perdido el trabajo en una empresa de limpieza. Nunca se demostró si la echaron por ladrona. Ya no importa.
“Decidí entrar a la casa de Olga para llevarme algo de mercadería y dinero”, declaró. “Entré en ese momento para que nadie se diera cuenta. Cuando estaba revisando qué llevarme, Olga despertó y me descubrió. Se enojó muchísimo conmigo, como nunca antes lo había hecho y tomó un martillo y quiso pegarme con él”, remarcó.
Alejandra Tabares siempre se ató a esa versión: siempre dijo que su tía había querido pegarle y que ella “sólo se defendió”. “Estoy muy arrepentida de lo que pasó”, supo decir.

Y llegó a decir: “(Ella) Me quiso atacar con el martillo, ahí se desencadenó todo. Nunca pensé que se iba a resistir de esa forma”.
Coartada hecha trizas
Ya fue dicho.
Nadie le creyó.

Ni el fiscal que la mandó a juicio. Ni el juez que avaló esa elevación a juicio. Tampoco le creyó el fiscal Almirón que pidió condena.
Y, a la luz del fallo dictado, tampoco le creyeron los miembros del jurado popular y los jueces.
En su alegato, el fiscal Almirón remarcó que no existió tal forcejeo, resaltó que fue un ataque pleno de la acusada hacía su tía con un martillo de grandes dimensiones, resaltó que la jubilada terminó con al menos 30 golpes sobre todo en la cabeza y la acusada con ninguno.
Remarcó que doña Olga, quien tenía serios problemas de movilidad (usaba andador), además tenía otras patologías previas.
La defensa siempre reclamó que el caso fuera encuadrado como un homicidio en ocasión de robo.

Quince años de cárcel había sido el pedido del defensor.
Fiscalía y querella (en representación de los hijos de doña Olga) fueron más allá: homicidio criminis causae (cuando se mata para lograr la impunidad), robo y violación de domicilio. La pena es una sola: la perpetua.
Y eso fue lo que se definió en la Cámara 8ª. Sobre todo cuando el juez dijo: “El juicio ha terminado”.
La voz del interior 16-4-26
Justicia. Córdoba: al ser descubierta en un robo, una mujer masacró a golpes a su tía y podrían darle perpetua
Olga Villarreal tenía 72 años. Fue atacada con martillo en su vivienda de barrio Comercial. Su sobrina, Alejandra Tabares, ensayó una insólita coartada en el juicio. La fiscalía ya reclamó la máxima condena. La defensa, 15 años de prisión. El jurado popular tendrá la última palabra
María Alejandra Tabares, confesa homicida de su tía Olga Esther Villarreal, en Córdoba. (José Gabriel Hernández)
Aquel miércoles, la barriada se vio sacudida desde temprano con tanta Policía. Una vecina había sido asesinada con feroces golpes en la cabeza en el garaje de su casa. Olga Esther Villarreal tenía 72 años y cobraba una mínima pensión. Su hijo se topó con el espanto mismo cuando retornó a la casa. La habían matado con un martillo.
El forense contaría 30 golpes. Otro colega suyo anotaría 52 lesiones.
Era el 5 de junio de 2024 en barrio Comercial, en la franja sur de la ciudad de Córdoba. La conmoción se extendió por toda la barriada. Nadie podía creer semejante salvajismo.
Una sobrina de la mujer, que vivía en un departamento al fondo de la misma propiedad, diría que no había oído ni visto nada cuando la entrevistaron los policías.
Una cámara de seguridad sería letal para ella: fue captada siete veces entrando y saliendo de la casa por los techos y llevándose bolsas de consorcio.
Veintidós meses después de aquel crimen, esa mujer comenzó a ser juzgada como la autora del asesinato de su tía.
Se llama María Alejandra Tabares. Tiene 59 años. La conocen como “Lala”. Según la causa, asesinó a su tía tras robarle 18 mil pesos de un cajón.
Cercada por la prueba, “Lala” ya admitió el crimen en la sala de audiencias de la Cámara 8ª del Crimen de Córdoba.
Eso sí, desde el banquillo de los acusados, intentó torcer la acusación: dijo que se había defendido de su tía, luego de que esta la acusara de ladrona, le “sacó” el martillo y le pegó.
Nadie le creyó.
Sobre todo, porque la jubilada apenas se movía con un andador.
Sobre todo, por la forma en que fue masacrada a golpes.
Sobre todo, porque la asesina no quedó con lesión alguna.
Sobre todo, por las filmaciones.

El fiscal, Hugo Almirón, un funcionario judicial de vasta carrera, nunca le creyó. Sobre todo tras analizar toda la prueba.
Por eso pidió que María Alejandra Tabares sea condenada a prisión perpetua. La acusó por homicidio agravado criminis causae (cuando se mata para buscar la impunidad), robo calificado y violación de domicilio.
El abogado Carlos Nayi, quien representa como querellante a los hijos de la víctima, reclamó idéntica condena.
La defensa de la confesa homicida tiró sus cartas ante el jurado popular: solicitó que “Lala” sea condenada a 15 años de cárcel por homicidio en ocasión de robo.
La sentencia podría dictarse este jueves.
No es común que una mujer sea condenada a prisión perpetua en Córdoba. Menos aún por un crimen tras un robo.

De la traición al robo y al crimen
Todo sucedió el 5 de junio de 2024 en un domicilio de calle Villa María al 5900 de barrio Comercial, franja sur de la Capital cordobesa.
Olga Esther Villarreal tenía 72 años. Vivía con su hijo.
Eran las 8.50 de aquel miércoles cuando el hombre salió de su casa para hacer unos trámites.
Eso fue aprovechado, según la investigación, por María Alejandra Tabares. La mujer residía en un cuarto en la parte trasera de la propiedad.

De acuerdo a la pesquisa, Tabares entró a la casa y fue a un mueble de su tía. Aprovechando que la jubilada estaba sola y dormía, abrió un cajón y se apoderó de 18 mil pesos. Al parecer, no era la primera vez que lo hacía.
Las cosas esta vez iban a ser distintas. Y para peor.
Doña Olga descubrió a su sobrina y comenzó a gritarle.
La sospecha es que la mujer, como pudo, comenzó a empujar a su sobrina para que se fuera de la casa y no regresara nunca más.
De pronto, ambas quedaron en el garaje de la propiedad.
Fue entonces que apareció un martillo de 600 gramos en escena.

Feroces golpes con un martillo
El fiscal Almirón entiende que Tabares ya había tomado el martillo (lo calificó como una “maza”) en la cocina y comenzó a pegarle a la jubilada una y otra vez para lograr la impunidad. “Fueron feroces golpes a la cabeza. Feroces. Tuvo una crueldad inusitada. Hubo saña y encarnizamiento”, expresó.
Doña Olga siguió siendo golpeada ya en el suelo.
Acto seguido, la asesina logró escapar.
El crimen sería descubierto momentos después cuando el hijo de la víctima retornó al hogar y entró por el garaje.
“Se escucharon muchos ruidos secos, como golpes secos”, le diría luego una vecina a los primeros policías que llegaron.
A las pocas horas, la sobrina de la víctima sería detenida.
Sobre todo, luego de que los detectives lograron dar con filmaciones que la captaban, al momento del crimen, subiendo al techo de la vivienda con bolsas de consorcio unas siete veces. Se cree que fue para ocultar pruebas como ropas con sangre.
La palabra de la homicida: Nunca quise causarle sufrimiento
El juicio contra Alejandra Tabares arrancó jornadas atrás en la Cámara 8ª. Llegó al banquillo con la gravosa acusación de homicidio criminis causae.
Cuando fue indagada, ensayó una versión salvoconducto para esquivar la figura del brutal homicidio. Ya lo había hecho en una carta durante la instrucción.
Dijo que estaba atravesando una situación económica delicada desde hacía varios meses tras haber perdido el trabajo en una empresa de limpieza. “Decidí entrar a la casa de Olga para llevarme algo de mercadería y dinero”, declaró.
“Yo sabía que cuando L. se iba al colegio, ella se quedaba durmiendo y la puerta sin llave. Por eso entré en ese momento para que nadie se diera cuenta. Cuando estaba revisando qué llevarme, Olga despertó y me descubrió”, sostuvo.
“Se enojó muchísimo conmigo, como nunca antes lo había hecho y tomó un martillo y quiso pegarme con él”, remarcó.
“Me fui para el garaje, con la intención de salir de la vivienda, pero ella me tironeó la ropa intentando sujetarme para que no me fuera y no paraba de gritar llamando a los vecinos a la vez que seguía intentando pegarme con el martillo”, sostuvo “Lala” y añadió: “Nos trabamos en lucha y le saqué el martillo. Reconozco que le pegué con el mismo en la cabeza y cayó al piso. Nunca quise causarle dolor ni sufrimiento con los golpes. Asustada por todo lo que había pasado, decidí salir por la parte de atrás de la casa”.
“Estoy muy arrepentida de lo que pasó”, dijo para luego remarcar: “Me quiso atacar con el martillo, ahí se desencadenó todo. Nunca pensé que se iba a resistir de esa forma”.
Pedido de condena
Tras analizar la mecánica del homicidio tras el robo, como así también las pruebas, testimonios y las imágenes de cómo quedó la víctima, el fiscal descartó de plano la coartada de la acusada.
En su alegato, Almirón remarcó que no existió tal forcejeo, resaltó que fue un ataque pleno de la acusada hacía su tía con un martillo de grandes dimensiones, resaltó que la jubilada terminó con 30 golpes sobre todo en la cabeza y la acusada con ninguno. Remarcó que doña Olga, quien tenía serios problemas de movilidad, además tenía otras patologías previas.

Remarcó el acusador que la víctima no tuvo ni heridas defensivas.
Con todo, el acusador no dudó en pedir que la homicida sea condenada a prisión perpetua.
Tras un cuarto intermedio, su defensa reclamó que el caso sea encuadrado como un homicidio en ocasión de robo. Quince años de cárcel fue el pedido del defensor.
El jurado popular deberá decidir y definir este jueves tras la última palabra.
La Voz del Interior 14 de abril de 2026
La fiscalía receptó el pedido de Karina Tabares y la incluyó como parte en la causa. La principal sospechosa está presa, imputada por homicidio. La carátula podría cambiar en horas.
Karina Tabares aún no acepta lo que está viviendo: entre el dolor, la incredulidad y la indignación, este lunes recibió la primera buena noticia en muchos días, cuando le avisaron que será aceptada como querellante particular en la causa que investiga la muerte de su madre, Olga Villarreal (72), el más reciente homicidio que conmocionó a la ciudadanía cordobesa.
La jubilada fue ultimada el miércoles pasado, en su casa de barrio Comercial, zona sur de la ciudad de Córdoba.
Su cuerpo estaba tirado entre el garaje y el comedor de su precaria vivienda, en la calle Villa María al 5940, sumergido en un charco de sangre.
La principal sospechosa y la única detenida es la sobrina de Olga y prima de Karina, que al momento del crimen habitaba una vivienda colindante al domicilio de la víctima.
Se trata de Alejandra Tabares (58) quien está imputada por homicidio simple, una figura para la cual se prevé entre 8 a 25 años de prisión. Se encuentra detenida.
ANUNCIO
Sin embargo, la carátula de la causa podría cambiar en las próximas horas.
La investigación está en manos del Departamento de Homicidios de la Policía de la Provincia, que sigue las órdenes del fiscal Víctor Chiapero.
La mujer fue encontrada sin vida en su vivienda de barrio Comercial.
Todo se lleva a cabo bajo un estricto secreto de sumario.
Chiapero se movió rápido y logró recolectar las pruebas que sustentan su acusación: en su oficina –según comentan quienes trabajan en ese entorno– termina de descifrar las imágenes de las cámaras de seguridad de la zona. También espera los resultados de la autopsia.
Según la hipótesis de la fiscalía, Olga fue atacada a palazos por su sobrina.
Entre ellas había un buen vínculo hasta hace un corto tiempo, cuando ese lazo se resintió a raíz de que fueron descubiertas algunas conductas inapropiadas, dijeron los investigadores.
Chiapero ajusta los nudos de su pesquisa para conocer a ciencia cierta los pasos que habría dado Alejandra durante el mediodía del pasado miércoles. En tanto, el abogado de Karina, Carlos Nayi, adelantó que solicitarán una ampliación de la acusación contra la principal sospechosa.
“La querella va a pedir un cambio en la carátula y que la investigación mute a homicidio calificado criminis causa y alevosía”, comentó el letrado.
Desde la familia de la víctima aseguraron que “aún no pueden creer lo que pasó”. “Otras veces han faltado objetos, que creemos que fueron hurtados. Pero nunca pensamos que podría llegar a hacer algo así. Teníamos dramas desde hacía un mes por la rapiña, porque los faltantes de objetos de valor eran cada vez más frecuentes”, dijeron.
“Claramente la asesina cometió el crimen para procurar la impunidad y asegurar el resultado de su robo. Lo que se conoce como homicidio conexo”, explicaron desde el bufet de Nayi.
El crimen
Cuando el reloj marcó el mediodía del miércoles pasado, Karina fue a la casa de su madre a averiguar sobre ella. Hacía rato que no contestaba mensajes ni llamadas.
Al ingresar, notó que la puerta de la terraza estaba abierta. No tardó mucho en hallar el cuerpo ensangrentado de Olga.
La jubilada pasaba sus días vendiendo productos de cosméticos de una reconocida marca de venta por catálogo. Para esos días había conseguido cobrar unas ventas y reunirse con un dinero.
Había guardado todo debajo de un plato de decoración que tenía a su alcance en una de las vitrinas del living.
Hasta allí llegó Alejandra, su sobrina, que sacó el monedero completo de abajo del plato decorativo. También se llevó unos recibos de los haberes jubilatorios, que antes de huir dejó caer en el suelo.
Esto es lo que creen los investigadores, que descartan un posible enfrentamiento entre ambas: “Seguro la vio, la reconoció y le imploró que no hiciera más daño; pero es improbable que la haya enfrentado porque la víctima tenía su movilidad muy comprometida, dado que se desplazaba a un paso muy lento y ayudada por un andador”, comentaron.
Tras observar a su mamá sin vida, Karina salió conmocionada al exterior de la vivienda. La encontró con la cara desfigurada y la cabeza golpeada, repleta de cortes. Las heridas abiertas aún sangraban.
Conmoción en barrio Comercial de Córdoba por el crimen de una vecina en su casa. (Javier Ferreyra)
Los alaridos, comentan, se podían escuchar a 200 metros a la redonda.
Quien llegó a consolar a la hija de la víctima fue la propia Alejandra. Le dijo que no podía creer lo que había pasado y le pidió a su prima que nunca abandone la búsqueda de la justicia.
Hasta mostró pesar y le convidó a su prima un vaso de agua en ese momento tan aciago.
También la abrazó e hizo el gesto de mirar hacia ambos lados, como buscando a los responsables del crimen.
Pero unas horas después, Chiapero le envió a Alejandra una orden de captura que iba a echar por tierra la gestualidad que había desplegado frente a su prima: la habían encontrado sospechosa durante la investigación.
Desde ese momento, la familia vive horas de tristeza y dolor. Al horror que sobrevino tras el macabro hallazgo de la jubilada, le siguió el cimbronazo de haber ubicado, en la escena del crimen, a un integrante del vínculo íntimo.
“Era considerada una hija del corazón de Olga. Y cada tanto le daba dinero, hasta que empezó a notar faltantes de carne, arroz y objetos de valor, que sólo ella podía robar. También había tenido problemas relacionados con el hurto en la empresa donde trabajaba”, comentaron desde el seno familiar.
En la vivienda de la víctima, mientras la Policía continúa realizando tareas de investigación, los familiares esperan que esta pesadilla se acabe y que la Justicia les pueda explicar qué pasó con Olga.
La voz del Interior 10 de junio de 2024